Edith Stein: una biografía fascinante

Francisco Javier Sancho Fermín

Adentrarse en la personalidad de Edith Stein, en su mensaje para el hombre de hoy, no es tema fácil. El colorido pluridimensional que se visualiza en su vida no se puede explicar con un sólo color, aunque la dirección de las pinceladas nos hace mirar hacia lo alto. Trataremos, pues, de desentrañar en sus líneas maestras esta obra fascinante de arte que es la biografía de Edith Stein.

            Cuando en 1983 la oficina de Correos alemana emitió un sello de Edith Stein lo justificó con estas palabras: “Edith Stein es una de las mujeres alemanas más significativas de nuestro siglo. Hombres de diversas vocaciones, confesiones y de todos los continentes han reconocido en Edith Stein -en cuanto judía y cristiana, en cuanto científica y mujer trabajadora, y como víctima de la violencia- una Seguidora de Cristo. Su meta fue, ayudar a los hombres, que se consideraban cristianos, a construir su vida. Especialmente se preocupó de hacer consciente a la mujer, en su “lucha” por la igualdad de derechos, de sus funciones dentro de la sociedad y de la Iglesia”.

            Edith Stein se define en su vida como “Seguidora de Cristo”, un concepto del cual se hace consciente a partir de su conversión. Pero antes, en su ateísmo y agnosticismo, también era seguidora: “La búsqueda de la Verdad fue mi única oración”. Estas palabras suyas las pronunció refiriéndose a los años que precedieron a su conversión.

“La búsqueda de la Verdad

fue mi única oración”

Edith Stein

Para Edith Stein el hombre auténtico es el “buscador de la Verdad”. Una verdad que se constituye en el centro de todos los esfuerzos humanos y que responde a la interioridad profunda y espiritual del hombre. Es una verdad que llega necesariamente a encontrar la Verdad con mayúsculas: Dios, que es la personificación, el rostro y el nombre de la misma, la Verdad Viva. En la Ciencia de la Cruz escribe Edith: “Quien anda tras la verdad vive sobre todo en ese centro interior, donde tiene lugar la actividad investigadora del entendimiento; si trata en serio de buscar la verdad, y no de acumular meros conocimientos aislados, tal vez se halla más cerca de Dios de lo que él mismo se imagina, porque Dios es la misma verdad.”

            Para no perdernos en reflexiones puramente teóricas conviene que nos centremos directamente en las fases fundamentales que marcan su vida, tratando de descubrir el mensaje y actitudes que ella nos ofrece con su ejemplo. Pero no olvidemos que la actitud fundamental que anima su ser, y le da unidad y consistencia, es esta búsqueda sincera de la verdad.

            Si miramos a su infancia descubrimos una muchacha que se acomoda a las tradiciones vigentes en la casa: un judaísmo devoto. Cuando llega a la adolescencia, etapa de crisis, de preguntas interminables, de búsqueda del sentido del propio yo, abandona conscientemente las prácticas religiosas que encuentra vacías de sentido y como una simple herencia tradicional. Una actitud que actualmente es tan común entre los adolescentes, y que es “positiva” siempre que sea un primer paso en un camino de búsqueda y planteamiento, puesto que la base de la religión, de la fe, no puede ser solamente una actitud cultural sino un convencimiento personal que se debe hacer experiencia viva del misterio.

            Cuando Edith entra en la Universidad y elige estudiar psicología, filosofía e historia, lo hace motivada por una vocación personal, unida a la inquietud por encontrar el sentido de la existencia del hombre. Cuando se encuentra con la fenomenología de Husserl se da cuenta que no basta con buscar. Para que esta búsqueda sea efectiva y dé resultados positivos debe ir acompañada de unas actitudes básicas que deben permear todo el camino, toda la vida. Estas son: desprendimiento de todos los prejuicios personales, culturales, sociales e intelectuales, y una continua actitud de apertura. Ambas actitudes se complementan con la búsqueda activa, la sinceridad, objetividad y humildad, que prepara a la persona en todo momento a acoger nuevas verdades y a romper con las adquiridas si se descubre que no son tan auténticas.

            Estas disposiciones de ánimo, junto a la obra de la gracia, son las que han abierto el camino para que la atea Edith Stein “culminase” su búsqueda en Cristo.

            Pero su vida no se para ahí, aunque en un primer momento cae en la tentación fácil del “pietismo”, creyendo que ha alcanzado la meta final. Pronto se da cuenta y descubre que es ahora, a partir del bautismo, cuando realmente empieza el camino. La búsqueda de la Verdad es siempre progresiva, no se alcanza definitivamente la meta, hay que seguir avanzando.

            En su caminar dentro de la Iglesia Católica descubre nuevas actitudes que complementan y dan plenitud de sentido a su vocación: su actividad científica no puede cerrarse en el interés personal. Su capacidad está ahí como don para la humanidad. Es cuando descubre que esta actividad no sólo tiene un valor material sino profundamente apostólico-teológico, en cuanto que es una contribución en la búsqueda de lo auténtico. Por lo tanto, también es servicio al hombre. Una conclusión resulta evidente para nosotros de su actitud y es que los factores decisivos en la elección de una profesión son: la vocación interior y la dimensión de servicio a la comunidad.

            Esta visión de la profesión como apostolado, como servicio, es un punto imprescindible en la vivencia, hoy tan urgente dentro de la Iglesia, de testimoniar con la vida esa unión existente entre fe y cultura. No puede haber ruptura, más bien todo lo contrario. De la vivencia del amor de Dios se llega fácilmente al amor de lo humano. Y del amor y respeto por el hombre, se alcanza el Amor. El camino de Edith Stein es un ejemplo de ello. Baste recordar el título de su gran obra: Del Ser finito al Ser Eterno.


“Esta visión de la profesión como apostolado, como servicio, es un punto imprescindible en la vivencia, hoy tan urgente dentro de la Iglesia, de testimoniar con la vida esa unión existente entre fe y cultura”

            Ahora cabría el preguntarse, ¿en qué sentido se descubre en su vida esa unidad? Fundamentalmente se observa en su dedicación al problema de la mujer, que se encontraba fuertemente marginada en todos los sectores de la sociedad y de la misma iglesia. Su servicio no lo realiza como “revolucionaria o luchadora”. Es más profundo y cabal. La recuperación de los derechos humanos se puede alcanzar a partir de una conciencia clara del ser antropológico de la mujer y del hombre. En su visión personal, ello es de suma importancia porque forma parte esencial de la búsqueda de la verdad que tiene que realizar no sólo la persona, sino la misma sociedad y la misma Iglesia. Nuevamente el carácter de progresividad-actividad aparece con fuerza. No hay punto final.

            En su vida como carmelita, la última fase de su biografía, también nos enseña algo. La actitud de búsqueda y de apertura es también aquí el fundamento. Los aspectos que con mayor fuerza se descubren en esta etapa es el Absoluto de Dios. Su vivencia e interpretación de la historia adquieren un carácter teologal. Los signos de los tiempos son también Palabra de Dios. Las dificultades, los problemas, la persecución nazi, etc.… tienen un mensaje. Su profundo sufrimiento está marcado por el signo redentor de la esperanza, presente misteriosamente en el Crucificado. Unirse a Él en este momento es dar valor expiatorio-apostólico al dolor. Ella no busca el sufrimiento, pero acoge la cruz que el momento histórico supone. En la fe descubre que incluso en la impotencia humana, incapaz de superar por sí misma tantas situaciones, se puede hacer mucho. Sólo desde aquí podemos descubrir el valor de su martirio.

            Por último, señalar un pensamiento que se nos antoja muy sugerente y clave en la vida de Edith Stein. A nosotros tiene que llevarnos a pensar y plantear la línea que queremos dar a nuestra vida. De ello dependerá nuestra realización. Edith nos dice:

                        “Lo que ofrece (el hombre) por su libertad

                         y para qué entrega lo ofrecido,

                         esto es lo que decide

                         el destino de la persona.”

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