Testimonio

Norma Elsa Dávila

Poesía para Viernes Santo

¿Hay en ese dolor tan antiguo
  cicatrices de una entrega ?
A tus pies, las humillaciones
fueron los clavos más punzantes,
en un cetro de madera
no solo  hirieron tu carne
sino la bondad de tu ser.
¿Hay en ese dolor tan antiguo
un misterio de amor? 
Los maderos más gruesos
se cruzan firmes, para sostener tanta grandeza,
pesados, para medir tanta fuerza.
¡Mucho soportaste sobre la espalda!
¡Muchos te dieron la espalda!
Insondable dimensión de un peso
para la agonía de una vida que renovó la vida.
¿Hay en ese dolor tan antiguo
un signo de gracia?
En tus brazos, ramas extendidas,
abiertas a un pedido: Perdónalos…,
se despliega un indulgente abrazo
para quienes no comprendieron
 y acaso no comprenderán tu mensaje,
inmutables ante la abundancia de tu corazón.
¿Hay en ese dolor tan antiguo
la revelación de una duda?
En el umbral del sufrimiento,
con voz humana reclamas:
Dios mío, Dios mío,
 ¿por qué me has abandonado?,
pero te despojas de los leños
 que atan tu humanidad para elevar la mirada
y con fe te entregas porque todo se ha cumplido: 
A tus manos, encomiendo mi espíritu.
En un árbol ya sin savia,
desde lo alto del  Gólgota,
tiendes un puente hacia la otra orilla,
conexión entre el hombre y Dios,
para aliviar nuestras cargas.
                             
 Norma E. Dávila
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