Una nueva travesía

La profesora y poetisa local Norma Dávila nos ofrece una poesía sobre el misterio que celebramos el Domingo de Ramos

UNA NUEVA TRAVESÍA

Desde Betania al Monte de los Olivos,
el asiduo peregrino,
llegó a descansar en la oración.
Bajo la sombra amiga de grisáceas ramas,
suplicó con un quiebre en la voz:
“Quédense aquí orando conmigo…”
La oración se quedó en los labios
de los discípulos fatigados y vencidos por el sueño.
El rostro demudado había perdido la serenidad,
orante cayó de rodillas sobre la tierra,
quería compañía, aunque no estaba solo.
¿A quién sino al Padre correspondía ese lugar?
Tiempo de espera en una noche silenciosa,
la luna con luz de escarcha
dejó sobre los olivos el signo de un conjuro
tan frío como las almas de los ejecutores.
Un rojo resplandor de antorchas subió por la ladera,
se cerró el círculo en torno a su figura.
Un beso artero fue la señal pactada
para atrapar al que algunos sospechaban
el rebelde de Galilea,

paradoja de una intriga, porque no lo conocían.
La cizaña con fuertes abrojos
prendió en el olivar, fue raíz de una traición.
Allí en el huerto del monte, en Getsemaní,
le ataron las manos, pero no el espíritu.
Dos olivos, testigos de un llanto,
muestran en los retorcidos troncos
el dolor de aquella vigilia
para que se cumplieran las Escrituras.
Paso a una nueva travesía
eternizada en un acto más de amor
de Aquel que preguntaba:
¿Es posible que no hayan podido
quedarse despiertos conmigo…?

Norma Elsa Dávila

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