Los Santos Patronos que acompañaron la JMJ 2019

En la ceremonia hubo un momento de compartir los distintos carismas de los santos Patronos.  Así una chica peruana, Kelly Maricela Carranza Casana, habló de lo que representa para los jóvenes los santos San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima.

San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima

San Martín de Porres representa la mezcla de razas, la belleza morena de un corazón lleno de Dios, de una vida limpia, generosa, llena de caridad y de cercanía a los pobres. Ojalá recordemos siempre que, en este fraile humilde, Dios nos da una lección de amor, de pureza, de grandeza, dijo la joven y sobre Santa Rosa de Lima: Virgen orante, primera flor de santidad de América. Joven alegre que iluminó su vida con la cruz de Cristo, a quien amó con entrañable piedad, con su vida silenciosa y sacrificada, con su amor ferviente. Nos propone la belleza de una vida limpia y pura, en contraste a un mundo apasionado que no ofrece la verdadera alegría.

San Juan Bosco y Sor María Romero

Jackson Francois, un chico haitiano presentó a San Juan Bosco, quien hizo de su vida un regalo de luz para los jóvenes. Con una alegría desbordante entendió que la juventud necesitaba un Dios cercano, amoroso, paciente, lleno de bendiciones para todos. Cuánto necesitamos esta alegría en un mundo como el nuestro marcado por rostros tristes y sin esperanza, dijo, que él nos enseñe a proclamar la victoria de la bondad y el triunfo de la paciencia humilde.

Sobre la Beata Sor María Romero dijo que es también una compañera en la JMJ. Ella nos enseña que el servicio con amor puede hacer plena la vida, que la entrega a los pobres nos libera de nuestros egoísmos, nos llena de paz, nos hace servidores de la misericordia y nos motiva a responder desde cada vocación al llamado de la santidad, dijo el chico, que ella nos ayude a ser misericordiosos como Dios.

San Juan Pablo II y san Juan Diego

La chica mexicana, Ana Lucia Reyes Vargas, presentó a San Juan Pablo II como patrono de esta Jornada Mundial de la Juventud. Con toda la Iglesia, dijo, leemos en su vida el testimonio de su fe inquebrantable, el amor por la Iglesia, su firme decisión de mostrarle al mundo el rostro joven de Cristo. San Juan Pablo II nos enseñe a amar a María, la Madre de la Iglesia, a entender cómo en el corazón de un papa anciano puede brillar la eterna juventud que da esperanza.

También presentó a San Juan Diego. Este hombre sencillo, hijo de nuestra América, subió hasta el cerro del Tepeyac para recoger, en unas rosas nacidas en invierno, nuestra Madre, la Señora que nos trae la luz del evangelio, la paz de su Hijo y la alegría de saber que todos somos hermanos si abrimos el corazón al amor de Dios.

San Oscar Arnulfo Romero y San José Sánchez del Río

Un chico de El Salvador, Enrique Irving Menjivar Ortega, presentó a san Oscar Romero, apenas canonizado por el Papa Francisco, Obispo y Mártir. Se hizo santo no sólo por su martirio, coronación de una vida de amor por los pobres, por los que sufren, sino porque siempre iluminó su vida con la alegría de ser pastor que acompaña, que comprende, que entrega la vida. Junto al altar derramó su sangre y sabemos, dijo el chico, que ruega por la paz. La violencia nunca será el camino.

Sobre el carisma de San José Sánchez del Río, dijo que se hizo santo porque su vida fue coherente, gozosa, sencilla. Es un joven como nosotros, añadió el chico salvadoreño, su último camino en este mundo lo recorrió con los pies desollados, dejando sobre la tierra las huellas ensangrentadas que recuerdan los pasos de Cristo hacia la cruz. Queremos que él nos enseñe a los jóvenes a caminar con rectitud, iluminados por el amor de María, Nuestra Señora de Guadalupe, Estrella de la Evangelización.

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